Un cemento muy caro

Foto tomada en el Campamento

Foto tomada en el Campamento

Alfonso Torres, bocealo.com

 

La brillante idea de instalar una fábrica de cemento en el santuario de los Haitises está saliendo muy cara para algunos funcionarios del gobierno.

Jaime David Fernández Mirabal ha sido un político admirado por amplios sectores dentro y fuera de su partido, el pld. Su apellido y cierta decencia en su práctica política lo diferencian de muchos de sus correligionarios  del poderoso comité político, grupo que trata de erigirse como el de los nuevos representantes de la clase gobernante, que no dominante como aludía Bosch.

La cementera está significando la pérdida de la virginidad política de Jaime David. Su inclinación por específicos intereses y grupos económicos lo aleja del imaginario popular como “hombre recto” y lo convierte en uno más de esos competidores por el favor de las élites. A la espera de que el mango caiga maduro de la mata, el aspirante presidencial ha tardado en descubrir que estar bien con los de arriba es el A del ABC de la carrera de un político “exitoso” en la historia del país.

B es hacer lo mismo con los guardias y C extender la receta a  la Iglesia Católica.  A Leonel Fernández esto le ha proporcionado una inestimbable rentabilidad política. Jaime David luce seguir el mismo camino. Contrario al de las Hermanas Mirabal y Manolo, quienes ganaron la muerte por enfrentarse a quienes hoy Jaime David trata con pleitesía y servilismo. Paradoja del destino.

Sin embargo hay un aspecto que el secretario de medio ambiente parece ignorar. Y es la naturaleza misma del conflicto, el mapa de los actores envueltos y los cambios de la última década registrados en los escenarios de la acción comunicativa y de la configuración de las corrientes de opinión pública.

Su intento de cerrar el debate público de golpe y porrazo alegando que quienes se oponen a la cementera lo hacen por “desinformación”, o por  “mala información” o por una “campaña” política de sus contrarios perredeístas se advierte como uno de los principales errores de su estrategia mediática, ya que trata de imponer sus argumentos fuera de la lógica de la racionalidad comunicativa, clave de la democracia moderna.

Su error se ahonda si se analiza que los primeros que rechazaron la cementera en la zona de amortiguamiento del parque fueron sus propios técnicos. Les siguieron sus propios aliados de las distintas sociedades ecológicas, las fundaciones, los expertos de la Academia de Ciencias, de la Comisión Ambiental de la UASD, técnicos del Instituto de Recursos Hidráulicos (INDRHI), y casi la totalidad de los movimientos ambientalistas. 

El error de origen de su estrategia mediática está en no ofrecer una explicación convincente de la aparición de dos informes técnicos en la Secretaría de Medio Ambiente. El primero rechando el proyecto y el segundo recomendando su aprobación. Esto le resta credibilidad al funcionario y desacredita frente a la opnión pública las acciones de la cartera ambiental. Al menos de que se parta errónamente del supuesto de que en la comunicación hay “receptores” pasivos incapaces de gestionar sus propias informaciones para la formación de sus juicios, situación que fue así hasta hace poco tiempo y que comenzó a cambiar con el influjo de la revolución internetiana.

Al tratar de parar el debate de esta forma: “Que no se hable más del tema” lo que el Secretario de Medio Ambiente hizo fue abrirlo con más fuerza, al tiempo de ofrecer una estampa de autoristarismo vernáculo.

También pierde de vista el funcionario que la Secreataría que él dirige fue una conquista de la lucha de los movimientos ambientalistas, entre los más indómitos de los movimientos sociales de las últimas décadas, y que la ley 64-00 que la rige resultó de un rico proceso de diálogo en el que estos actores jugaron un rol protagónico, lo que le da empoderamiento y legitimidad para desafiar la concesión otorgada  con poca transparencia al Grupo Estrella.

La lucha contra la cementera se ve reforzada, energizada y simbolizada por una generación de jóvenes criados bajo los lemas de tome coca cola y cuide el medio ambiente. Generación rapera de códigos cifrados y callejeros que da muestra de voluntad para llevar su lucha hasta las últimas consecuencias, lucha que comenzó con un aventurero e improvisado campamento en las proximidades de la zona, que siguó con una contundente manifestación en el parque La Lira, en el corazón de la capital dominicana, y que está despertando capacidades movilizadoras que el propio partido en el gobierno ayudó a construir décadas atrás, cuando fue de los gestores del hoy influyente movimiento ambiental dominicano.

Jaime David apoyó la lucha en defensa de Bahía de las Aguilas y del Parque del Este. Se opuso al depósito del lodo cloacal en Oviedo y a la continuidad de la ruta de los barcos cargados de plomo por El Caribe cuando los jóvenes que hoy critican su acción depredadora  todavía no habían nacido. Jaime David ha sido un defensor del medio ambiente y de los recursos naturales. Lo que hizo en el pasado lo está echando por la borda con su impostura de aprobar una fábrica de cemento en los haitises, en el mismo lugar de donde sacó a punta de fusil los cosecheros de yautía, ñame y otros víveres de subsistencia.

Pierde de vista el funcionario, decía, que ese movimiento juvenil está integrando en sus luchas el periodismo ciudadano y la potencia de las nuevas tecnologías de la información y  la comunicación. Herramientas que están dándole un giro sin igual en la historia dominicana al manejo de la información pública y a la formación de las corrientes de opinión.

La cementera a lo mejor se instale en Gonzalo, pues los poderosos siempre se han salido con la suya con el beneplácito y la complicidad de funcionarios públicos. Pero el costo político que Jaime David tendrá que pagar será muy caro, porque su figura podría quedar en la memoria de una nueva generación de jóvenes brillantes como el personaje  que inició el descuartizamiento y la descomposición paisajística y natural de ese santuario llamado los Haitises.

De todos modos es un proceso que apenas está comenzando y todavía falta tiempo para los desenlaces y sus respectivas consecuencias. Lo que sí parece seguro es que cada vez son menos las posibilidades de sacar el tema de la agenda pública, aunque algunos medios se hayan mantenido en silencio.

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