La educación nos salvó.

Por: Elizabeth Mateo Pérez*

Se aprobó el presupuesto 2011. Sin contemplaciones. Con indolencia, indiferencia y sátira. Se aprobó un presupuesto que enterró la legalidad, el rol constitucional y los sueños de millones de dominicanos y dominicanas, pero ganamos. Nos apoderamos de un despertar de la conciencia ciudadana y del sentimiento público. Logramos que la indiferencia y la desesperanza no habiten en nuestra gente.

El pueblo dominicano es el gran propulsor de esta batalla por una educación digna para todos y todas. Un pueblo que decidió no ser más un espectador y participar en la toma de decisiones. Un pueblo que doblegó a sus pies a todo el poder político sin más nada que una prenda amarilla, una sombrilla con un 4% en sus manos y una mochila cargada de sueños de un país distinto.

Una unidad jamás vista, que no fuere por un tema político partidario. Hoy, el pueblo dominicano dijo “aquí estoy” y “yo soy”. Hemos trascendido en la historia hacia una articulación nacional, por el bienestar de todos y todas, por la educación de los que están y de los que han de venir.

“Sólo la educación nos salva”, eso dicen todos los informes de desarrollo humano nacionales e internacionales, incluyendo el famoso informe Attalí, y así fue, la educación nos salvó. La educación nos unificó. La educación nos ha dado un  propósito común.

La educación hizo que trascendiéramos ideologías políticas, intereses económicos, barreras sociales y fronteras, para ser una sola voz y enarbolar una sola bandera: la educación de los dominicanos.

A través de la lucha por una educación de mayores oportunidades, ante mayores desafíos se levanta el pueblo dominicano, cumpliendo el sueño de Juan Pablo Duarte, de las Hermanas Mirabal, de los Héroes de Abril y de todos aquellos que con su esfuerzo y con sus vidas pagaron el precio de que hoy pudiésemos hablar de una democracia.

El 4% es una lucha doble: 1. Una reivindicación de un atraso de inversión social en educación que hoy nos cuesta el desarrollo de nuestra gente, en un mapa actual irreversible que solo servirá para afrontar los desafíos futuros. 2. El llamado de un pueblo a sus poderes públicos al cumplimiento de la Ley y la Constitución de la República.

Este reto asumido apenas inicia este 2011, con tres poderes estatales que demostraron ser incoherentes y violatorios de los preceptos y normas que nos rigen; y con un pueblo lo suficientemente consciente y unido para hacer que se respete la Constitución y que deje de ser de una vez y por todas un simple rollo de papel higiénico que usan nuestros gobernantes a conveniencia.

Este es el año de la lucha amarilla, del retorno a la legalidad y de hacer que nuestra Constitución sea efectiva. Nunca antes habíamos visto al pueblo dominicano empoderarse de su Constitución como hasta.

 

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